viernes, 11 de marzo de 2016

concepciones de aprendizajes


Actividad de apertura.

¿Qué concepciones de aprendizaje nos parecen congruentes con el enfoque por competencias y por qué?

La concepción de aprendizaje según Marqués que me parece congruente con el enfoque por competencias  es el socio – constructivismo, ya que se basa en la construcción del nuevo conocimiento partiendo de los saberes previos del alumno, así como también se enfatiza en la interacción social  con sus iguales y expertos. El contexto y el lenguaje juegan un papel importante para esa construcción del conocimiento provocando en el alumno ser constructor de su propio según sus saberes y experiencias que haya tenido.

El enfoque por competencias que menciona la RIEB, pone al alumno como el centro de atención en el proceso de aprendizaje, y el docente funciona sólo como mediador y guía para el alumno en la construcción de su propio conocimiento.

El aprendizaje socio – constructivismo lo percibo como la construcción del conocimiento en interacción con la sociedad y el contexto a través del andamiaje, sin dejar de lado el conocimiento previo ante el nuevo conocimiento.

viernes, 19 de febrero de 2016

DIAGNOSTICO SOCIOEDUCATIVO

DIAGNOSTICO SOCIOEDUCATIVO
CONTEXTO
El diagnóstico es un procedimiento por medio del cual se establece la naturaleza y magnitud de las necesidades y problemas que afectan el aspecto o situación de la realidad social, que es motivo de estudio e investigación con el objetivo de programar y realizar acciones.
El presente diagnóstico se realiza con la finalidad de conocer las características, necesidades y condiciones en que se encuentra el municipio de San Pablo Anicano, donde se ubica el jardín de Niños Glafira Vega Mejía  con clave de centro de trabajo: 21DJN0778Z con domicilio en  Central Guerrero en la sección de San Juan.
San Pablo Anicano se localiza al sur del estado de Puebla con una superficie de 97.189 km2, cuenta con una población total de 3554 habitantes, el tipo de vivienda predominante es de concreto y adobe las más antiguas, en cuanto a servicios públicos cuentan un 90% con luz eléctrica, aproximadamente un 90% con agua potable, recolección de basura, alumbrado público, servicio de transporte público, algunos medios de comunicación e información son: el radio, la televisión, y teléfono.
Dentro de las ocupaciones de los habitantes de la comunidad encontramos que predominan los campesinos, albañiles son muy pocos los profesionistas debido a esta situación el ingreso familiar es muy poco.
ESCOLAR
El jardín de niños Glafira Vega Mejía  se encuentra  estructurado por 3 aulas, 1 dirección, 1 espacio para desayunador, 2 baños y cancha de usos múltiples, la comunidad escolar es de 65 alumnos distribuidos en los tres grados.
En la institución el plan de la ruta de mejora se trabajan cuatro prioridades como son: mejora del aprendizaje, normalidad mínima, alto al rezago y abandono escolar y convivencia escolar. Así mismo los programas que se aplican son: programa nacional de lectura, programa para la inclusión y equidad educativa, programa de desayunos escolares, programa escuelas de calidad, AGE, PARE, programa de alfabetización inicial, participación social, convivencia escolar, CTE, programa de equidad de género y prevención de la violencia, manual de la información prevención de trata de personas.
La participación de los padres de familia en reuniones y actividades escolares es del 90%, ya que algunos trabajan, en la mayoría son las madres de familia las que se encuentran como responsables de la educación de sus hijos.

GRUPO

La etapa preescolar comprende la edad de 3 A 5 años de edad, durante este periodo los niños presentan varias características, esta descripción es de los alumnos de 3er. Grado donde existe un total de 27 alumnos
Los niños por naturaleza traen una inteligencia nata, para realizar  actividades acordes al grado de madurez en cada etapa de desarrollo, ellos llegan a la escuela con conocimientos previos que son adquiridos en el ambiente familiar en el que se desenvuelven, son egocéntricos, les falta un poco la formación de hábitos, presentan un lenguaje claro pues son alumnos  de 3er. Grado, la mayoría puede utilizar su lenguaje para comunicarse con sus compañeros, para expresar ideas, pensamientos, sentimientos, aunque en algunas ocasiones, cuando se da intercambio de opiniones  en clase les cuesta mucho trabajo respetar turnos para hablar.
El  campo de pensamiento matemático  es uno de los que más se fortalece mediante  funciones cognitivas  al ejecutar relaciones de equivalencias o igualdad,  clasificaciones, seriaciones,  conteos, construcciones, ubican patrones en algunos modelos, poseen un razonamiento para resolver  pequeños problemas, conocen las figuras geométricas.
Los niños tienen diferentes  estilos de aprendizaje, la interacción entre compañeros es fundamental porque juega un papel relevante en el aprendizaje, nosotros como docentes tenemos que crear un ambiente de confianza y seguridad para los niños,  atendiendo siempre la diversidad, a mi punto de vista considero que la relación que llevo con mis alumnos es favorable por que existe un respeto, comunicación, cordialidad,  pues lo veo en su comportamiento  y al desarrollar las actividades.
Es importante mencionar que el juego desempeña un papel fundamental en la práctica, por medio de él se potencia el desarrollo y el aprendizaje, también propicia el desarrollo de competencias sociales que ayudan a regular   sus emociones y conductas la interacción con sus compañeros se desarrolla de manera cordial y positiva.
Su forma de comunicación es a través del lenguaje oral, por medio de el expresan sus conocimientos, pensamientos, sentimientos, dan a conocer sus necesidades, pueden realizar narraciones, descripciones de objetos, considero muy importante el campo formativo de lenguaje y comunicación ya que si explotamos desde pequeños este aspecto estaremos formando alumnos con el hábito de la lectura, y no solo leer por leer sino más que nada desarrollar el ellos la comprensión de la misma, por tal motivo considero importante desde pequeños realizar una propuesta de trabajo encaminada a formar pequeños lectores a través de lectura de cuentos, empleando títeres guiñol.


martes, 9 de febrero de 2016

Mi confrontacion con la docencia


MI PERCEPCIÓN DOCENTE

La percepción docente que hasta el momento tengo es un tanto escasa, ya que el ser docente en una comunidad indígena tiene una gran responsabilidad social, educativa y cultural. Desde que ingresé en el terreno educativo como instructora comunitaria de educación primaria en el programa CONAFE dentro de una comunidad indígena y posteriormente a la secretaria de educación fue un tanto complicada.

En el curso intensivo de preparación para la docencia del programa no fue suficiente para enfrentar los diversos problemas de un grupo de alumnos.  Aun con la poca experiencia que CONAFE me instruyo no era suficiente para llevar a cabo una práctica educativa como se quisiera, una de las complicaciones fue no tener conocimiento de los planes y programas que se llevaban a cabo y que además se tenían que trabajar dentro del ciclo escolar con los alumnos.

En los programas educativos que existen,  puedo decir que me inicie en CONAFE con el nivel de educación primaria y posteriormente a la secretaria de educación como profesora de educación preescolar, al principio fue difícil ya que no conocía la forma de trabajo del nivel, las competencias que se tenían que trabajar con ellos, mas sin embargo con el apoyo de la maestra encargada de la dirección me ayudo a trabajar durante ese periodo escolar.

Durante los 7 años que estuve en el nivel de preescolar puedo decir que fue un tanto agradable el trabajo que se realiza ya que no solo se instruye para el ingreso a su educación primaria, sino que además se pone en práctica el razonamiento y la curiosidad por conocer más de lo que ya conocen.

Me atrevo expresar que hasta el inicio del ciclo escolar pasado tuve la oportunidad de la misma dirección del nivel en hacer el cambio para el nivel de educación  primaria indígena por tener los créditos y el perfil requerido para dicho cambio. El contexto áulico que se da con los alumnos de educación primaria cambia totalmente, y uno de ellos es la conducta.

Sin embargo en el primer año de servicio estando con alumnos de educación primaria y con alumnos que únicamente deletreaban fue un tanto complejo ya que no es el mismo ritmo de trabajo que se lleva a comparación de los alumnos de preescolar, con ellos fue de leer y construir sus propios escritos, redactando sus pensamientos y sentimientos, realizando operaciones matemáticas, conociendo y explorando su entorno dentro y fuera de ella.

Por otra parte, una de las actividades que siempre realizo dentro del aula es  en preescolar la lectura de cuentos cortos ante el grupo, y ya en el nivel de primaria es que el alumno realice lectura de textos cortos que sea de su agrado ante el grupo, con ello promuevo el desenvolvimiento del propio alumno y la confianza de leer en público como también de expresar lo que haya entendido sea en su lengua originaria o en su segunda lengua que en este caso es el español.    

Por último, haciendo un análisis de mi trabajo como docente, siento que aún no ha sido suficiente el trabajo dentro del aula y como también dentro de la misma comunidad ya que al menos en la zona e inclusive el municipio no le dan tanta importancia al ámbito educativo o quizás nosotros como docentes no se ha trabajado ese valor que tiene la superación personal de cada individuo en sociedad.

 

La aventura de ser profesor. Esteve


La aventura de ser profesor

José M. Esteve1

1 José M. Esteve es catedrático de Teoría de la Educación, de la Universidad de Málaga.

( Publicado en Cuadernos de Pedagogía / Nº 266 / Febrero 1993)

La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos. Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase; toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: «¡Qué cara de crío! ¡A éste nos lo comemos!». Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión[U1]  diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...

Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.

Pensar y sentir

El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: «Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor —el que profesa algo—, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aún, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir». «Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir»... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Casi todos los colegas que escriben a continuación coinciden en este punto. Mari Carmen Díez expresa así su visión actual de la enseñanza: «Ahora entiendo la escuela como un sitio a donde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico». Fernando Corbalán, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: «Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora con los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras».

Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay más camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital.

Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y las mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar. Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo conectar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos. Llevo veinticinco años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... «Pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir»... Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro —también para ellos—. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza. No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atreveríamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original. Éste es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea[U2] .

Las dificultades

He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras veinticinco años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio e, inevitablemente, de las dificultades que hay que sortear.

Identidad profesional

El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades de los profesores de Primaria suelen ser distintas a las de los profesores de Secundaria.

Entre los de Primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor «debe hacer», lo que «debe pensar» y lo que «debe evitar»; pero nadie les ha explicado, desde el punto de vista práctico, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír.

Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. El choque con la realidad dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos. En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del «profesor ideal»; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal[U3] .

Entre los profesores de Secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señalaba Fernando Corbalán: «La inmensa mayoría de los profesores de Secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico...)». En efecto, nuestros profesores de Secundaria se forman en unas facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al instituto para explicar geografía e historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de ética, se identifica a sí mismo como «medievalista», ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar paleografía, epigrafía y numismática, latín y árabe para acceder a los documentos medievales, y le ha iniciado en el trabajo de archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un barrio conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. Él es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿Por qué le obligan ahora a enseñar historia general, que no es lo suyo, y de paso geografía y ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la historia, y que temas clave de su especialidad —como el apasionante tema de su tesina— se despachan con dos párrafos en el libro de texto. Para colmo, nuestro futuro profesor de Secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable requiere un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro le resulta a la mayor parte de nuestros profesores de Secundaria y de Universidad comprender esto!

Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos... ¿Por qué van ellos a rebajar sus niveles?, gritan exaltados, y ello significa, en la práctica, que dan clases para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto con un grupo de adolescentes.

Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto requiere, necesariamente, una actitud de servicio hacia los alumnos, el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos. Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal; nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Ésa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos[U4] .

Comunicación e interacción

El segundo problema por solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, por lo que exigen comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.

Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en ese ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpática o hundirnos en el más espantoso de los ridículos.

El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz, etc.

Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular el ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.

Disciplina

Otro obstáculo serio por superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el «buen profesor» debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.

El viejo supuesto según el cual «para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido» encuentra en este campo descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes te tienes que defender. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites[U5] .

Contenidos y niveles

Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos accesibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada; tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que, en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.

El orgullo de ser profesor

Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... Entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde la Educación Infantil hasta la Universidad.


 [U1]Son aspectos de la práctica diaria que como docente enfrentamos en diferentes contextos por la gran responsabilidad que tenemos para con los alumnos.
 [U2]En la enseñanza de los contenidos  a los alumnos  no es solamente para para llenarlos de conocimiento, sino para que le sea útil dentro de su vida, además cobre sentido ese conocimiento y reflexione ante situaciones para ponerlos en práctica.
 [U3]Puedo decir que un profesor adquiere fundamentos teóricos en una universidad, mas sin embargo se forma en un salón de clases y enfrenta como también soluciona situaciones que en su formación como profesionista no realiza. 
 [U4]El ser docente no es solo transmitir conocimientos a un grupo de alumnos, de pararse ante ellos sin estar consiente de nuestro deber como decente, el llevar a cabo esta gran responsabilidad y sobre todo es un reto para quienes de  alguna manera poseen una profesión ajena al ámbito educativo.
 [U5]Algo fundamental en el aula es la comunicación entre el docente – alumno, generar un ambiente de confianza y así propiciar valores entre ambos.

MEB

hola buenas tardes compañeros.